Storytime: La historia de cuando casi me asesinan en un hostal

¡Hola, persona morbosa que ha entrado a leer esto porque he mencionado un asesinato! Hoy vengo a contar la terrorífica historia que tuvo lugar en un hostal de Frankfurt allá por diciembre de 2014. Siento decepcionar pero aquí no habrá misterio, desde el principio se sabe quién es el asesino… ya veré si edito la novela echando más intriga al tema.

⚠ Disclaimer: esta entrada lleva escrita aaaaaños y la había publicado en otros blogs que he tenido. No es que aquí la Leire tenga esa memoria prodigiosa y se acuerde de tanto detalle de 2014.

«Jesus is coming» – Una historia de terror en tres actos

Toma dosis hortera del día

Érase una vez una estudiante que viajó del pueblecillo alemán donde vivía a Frankfurt porque una amiga suya la visitaba allí.

Este es el inocente comienzo de nuestra tragedia en tres actos de hoy. Me reuno con mi amiga M en la estación de autobuses de Frankfurt, vamos al hostal a dejar las maletas y nos dirigimos a la ciudad porque el hostal no permite hacer el check-in hasta las tres de la tarde.

Hasta ahí todo bien. Damos un paseo por el centro, admiramos los mercadillos de Navidad, no admiramos tanto los precios de los mercadillos de Navidad, nos perdemos en un centro comercial, subimos a la terraza del mismo centro comercial donde nos hemos perdido para obtener vistas de la skyline, damos otro paseo por la orilla del río, etc. Lo bueno empieza después de una obligada foto de Frankfurt, no vayamos a quitarle protagonismo:

Frankfurt y río Main
Trampa. Foto de 2017, pero ¿a que nadie se ha dado cuenta hasta que lo he dicho? Pero bueno, no nos distraigamos del morbo.

Diario del terror – Día 1: «¿En serio se puede dudar de quién va a ser el autor de los casi-hechos?»

La acción empieza cuando volvemos al hostal. Subimos a la habitación con las maletas pero como es tarde y todo el mundo duerme, decidimos sacar el pijama, el neceser y demás cosas necesarias para la ducha en el pasillo para no molestar. Aquí es donde hacemos el primer contacto con el sujeto protagonista de esta historia…

23:37. Un extraño individuo sale bruscamente de la habitación. Habla solo. Sus murmullos son incomprensibles pero nos da mala espina desde el principio. Camina rápido y murmurando hacia el baño y desaparece en él. Nos encogemos de hombros.

01:10. Ya nos hemos duchado y ocupamos unas literas en la habitación, por desgracia justo al lado de la cama del sospechoso (ya os digo que estábamos destinadas a ser descuartizadas). Esperando que sus peculiaridades se limiten a hablar solo y andar haciendo ruido, intentamos dormir. Con poco éxito, debo añadir, porque el buen hombre realiza el mismo ritual unas tres veces:

– Sale de la habitación con andares hiperactivos.

– Pasa un tiempo fuera.

– Vuelve nervioso a la habitación y se tumba VESTIDO en su deshecha y sucia cama.

– No se duerme, se levanta y repite los pasos anteriores.

Con estas sutiles señales, empezamos a sospechar que el señor va hasta arriba de sustancias ilegales no identificadas.

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Diario del terror – Día 2: «Una inquietante desaparición»

10:01. Nos encontramos en el comedor desayunando tranquilamente cuando otro de nuestros compañeros de habitación se nos acerca diciendo algo sobre un móvil. No tiene muy buen inglés y no le entendemos bien, pero parece ser que «alguien» había «mostrado interés» por nuestros móviles mientras no estábamos en la habitación. ¿De quién hablaría? #MisterioMisterioso

10:15. Acabamos de desayunar y subimos a la habitación. Nuestros móviles están en su sitio pero hay otra cosa que no está donde la habíamos dejado. ¿El dinero? ¿La cámara de fotos? No. La taza que M había comprado en el mercado de Navidad.

La noche anterior la había dejado encima de una mesilla dentro de una bolsa de plástico, pero hoy nos encontramos dicha taza tirada en una esquina de la habitación. SIN BOLSA.

Intriga máxima

Muchas dudas nos asaltan. ¿Dónde está la bolsa? Y más importante aún: ¿para qué narices roba alguien una bolsa? Y todavía más importante, si cabe: si robas una bolsa que contiene una taza, ¿no es más normal dejar la taza derecha sobre la mesa, en vez de dejarla tumbada por ahí?

19:43. (No se nota que me invento las horas, ¿verdad?) Volvemos al hostal tras pasar un día en Heidelberg. Esta misma mañana ya hemos escondido todas nuestras pertenencias debajo de la litera para salvarlas de las garras del sospechoso, así que no notamos la ausencia de ningún objeto. No obstante, tenemos noticias de algo que sí había conseguido arrebatarnos: la bolsa de la taza.

Resulta que el extraño individuo necesitaba algo para envolver un maloliente alimento y al no encontrar nada válido entre su porquería, había optado por tomar prestada la arrugada y agujereada bolsa de plástico que contenía la taza del mercado de Navidad de M. Ahora ya no hay quien recupere la bolsa dado que apesta a pollo. Lloramos la pérdida.

Diario del terror – Día 3: «El Evangelio según el Drogadicto Random»

10:29. El día amanece normal, bajamos a desayunar esperando que a la vuelta el sospechoso no estará en la habitación. Ha estado ausente toda la noche y no tenemos ganas de otro encuentro. Pero para nuestra desgracia, al subir a la habitación después del desayuno, nos lo encontramos mirando por la ventana con aire místico. Entramos y saludamos con una sonrisa forzada.

Error. Regla número uno para tratar con gente que piensas que puede matarte por hacerse con todas tus bolsas de plástico: NO LOS SALUDES. Ese saludo es lo que anima al hombre este a comenzar una conversación. La más surrealista que he tenido nunca con un desconocido:

Asesino: Bonito día, ¿verdad?

Pardillas: Ehm… sí, sí, bonito día.

A: Es muy raro.

P: Â¿Por qué? (Sí, no aprendemos la regla de oro de no dar conversación a los asesinos)

A: Porque en Alemania nunca tenemos sol en diciembre. Yo soy alemán, y nunca hay sol.

Nota: El individuo ni parece alemán ni tiene acento alemán ni nada, pero no le preguntamos nada al respecto. Tiene pinta de ser de algún país del norte de África, menciono esto porque tiene relevancia en la historia más tarde.

P: Ah, pues ni idea…

A: Se acaba el mundo.

P: ¿Perdona? *risa traicionera salvaje hace su aparición*

A: No os riáis. Hace calor porque es el apocalipsis. Eso es lo que es. Yo soy cristiano. Jesus is coming (eso último no lo traduzco porque pierde dramatismo).

P: Ya…

A: Â¿De dónde sois?

P: De España.

A: Ah… España… Bonito idioma. El español es un idioma de Dios. En España hubo mucha mezcla con los árabes. El árabe es el idioma del diablo. Diablo, si, Satán, ¿sabéis? Yo soy cristiano. Dentro de dos días tendréis una revelación. Recordad mis palabras.

P: *sonrisa forzada y pánico interior absoluto*

Como el nivel de surrealismo difícilmente va a alcanzar niveles mayores, decidimos despedirnos del profeta y correr al tren que nos llevará a nuestra excursión a Mainz. Por el camino nos reímos de la conversación y del hombre, decimos un par de tonterías sobre él y empezamos a decir que es un hombre lobo por las pintas que lleva y los extraños tatuajes de runas que tiene en la cara (esto es real). Miramos en internet cuando toca luna llena (por si las moscas) y ¡sorpresa! Toca esa misma noche. Si es que hasta Google nos advierte de que algo va a pasar.

20:44. Pasamos el día en Mainz y volvemos con miedo al albergue. No queremos imaginar qué delirios tendrá el hombre lobo ahora. Pues la respuesta llega nada más entrar en la habitación, al encontrarnos esto dentro:

¿Te suena la bolsa de plástico sobre la mesa? Al menos ese misterio se resolvió

Di que sí. Al buen hombre no se le ocurre otra cosa que meter UNA BICI en la habitación. Alucinamos un rato con el comportamiento del hombre lobo, nos duchamos y nos metemos en la cama queriendo dormir cuanto antes y evitar otra conversación con el sujeto aquel.

2:09. El otro compañero de habitación (el que he mencionado antes, el que nos advierte de que el hombre lobo había tocado nuestros móviles) empieza a gritar en sueños. El hombre lobo/mesías (quien «dormía» en su cama pero aún vestido y con botas de calle), desesperado, se levanta de un salto de la cama y corre hacia el otro compañero, gritando en alemán: «¿Pero se puede saber qué haces? ¿A QUIÉN SE LE OCURRE DORMIR ASÍ? En serio, ¿quién te crees que eres? ¡CÁLLATE!».

De pronto, el compañero que dormía se levanta asustado e intenta golpear al hombre lobo, éste se defiende et voilà:

Se enredan en una pelea de verdad, empiezan a darse puñetazos, a golpearse contra las paredes, berreando como poseídos… En un momento incluso se acercan a nuestras literas y casi se caen encima de mí, que duermo en la litera de abajo. M y yo no sabemos qué hacer, no sabemos hasta qué punto llega la agresividad del sabio profeta, sabemos que toma algún tipo de droga pero no conocemos su estado actual, por lo que cualquier cosa podría pasar. Para más inri, para este momento se han empezado a gritar mutuamente en árabe, impidiéndonos entender nada más de la situación.

De repente, el hombre lobo sale de la habitación dando un portazo, cabreadísimo. M y yo decidimos que no vamos a dormir en la misma habitación que el, cogemos nuestro calzado y bajamos en pijama a la recepción a pedir un cambio de habitación, aún completamente en shock.

Vaya sorpresa nos llevamos al ver al hombre lobo en la recepción, dice que ha llamado a la policía. Dí que sí. Atacas a un compañero de habitación mientras duerme y eres tú quien llama a la poli. El chico de recepción nos pregunta qué ha pasado y nosotras relatamos los hechos mientras el hombre lobo nos mira fijamente con su intensa mirada. Terrorífico.

Al cabo de dos minutos viene la policía, escuchan nuestra versión (mal narrada porque nos tiembla todo aún) y todos vamos a la habitación para que el hombre lobo la abandone. Mientras el susodicho recoge sus cosas el otro compañero relata su versión a la policía y el hombre lobo vuelve a ponerse agresivo. Vuelven a gritarse y el chico de la recepción, los polis, M y yo miramos con cara de:

Los policías lo amenazan con llevárselo con ellos y el hombre lobo se calla y se ríe. A continuación se vuelve a los policías y les suelta: «¿Han visto ustedes las botas tan chulas que me he comprado? Son para el fin de este p*** mundo. Jesus is coming, recuerden mis palabras. Lo sé». Coge todas sus pertenencias (una pequeña maleta, el pollo maloliente con la bolsa de plástico robada y una enorme bolsa de ropa sucia) y sale de la habitación mirándonos a M y a mi con cara de estar reprimiendo muchos instintos homicidas.

Al final, al hombre lobo le dan una habitación para él solo y los demás podemos ir a dormir. El otro compañero, sin embargo, nos insiste a M y a mí que nos tomemos una cerveza, así que así fue como acabamos la noche: sentadas en una litera en pijama tomando cerveza con un desconocido.

¿Has vivido algo similar en tus viajes? ¿Has visto algún otro tipo de situación que se haya ido de las manos en un hostal?

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